El plan de rodaje tuvo que adecuarse a varios factores. A modo de ejemplo, forzosamente:
-Las escenas en el Instituto (específicamente aquellas en la sala de computación) sólo podía grabarse el día domingo cuando no hubiesen estudiantes utilizando los equipos.
-La casa en Peñalolén sólo podía usarse un día de semana, para molestar lo menos posible a sus dueños.
-El bar sólo podía usarse un sábado en un horario muy definido (de 14 a 18 horas).
Esas limitantes ordenaban por sí solo algunos de los horarios. Luego necesitábamos coordinar el hecho que la actriz no podía grabar el día lunes hasta después de las seis de la tarde y que, en un escenario ideal, no podíamos partir con escenas muy complicadas durante la primera jornada.
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